Al evaluar uncaldera de gas, la eficiencia térmica es la métrica más crítica para los costos operativos. Las calderas tradicionales sin condensación expulsan los gases de combustión directamente a la atmósfera, perdiendo una cantidad significativa de calor; su eficiencia suele oscilar entre el 85% y el 89%.
Las modernas calderas de condensación representan un gran salto tecnológico. Al incorporar un intercambiador de calor secundario, capturan y reciclan el calor latente contenido en el vapor de agua del escape. Este proceso, conocido como condensación, reduce la temperatura de los gases de combustión a tan solo 35-50 °C y aumenta la eficiencia térmica a un impresionante 105%-108% (calculado sobre el poder calorífico más bajo).
Esto se traduce en un ahorro de gas real de aproximadamente entre un 15% y un 25% en comparación con los modelos más antiguos. Sin embargo, el rendimiento óptimo depende de la compatibilidad del sistema. Las calderas de condensación funcionan de manera más eficiente con sistemas de calefacción de baja temperatura, como calefacción por suelo radiante o radiadores de gran tamaño, porque el agua de retorno más fría maximiza la condensación. Además, un drenaje adecuado de condensado y materiales resistentes a la corrosión son esenciales para una confiabilidad a largo plazo.
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